Ojos juguetones

Nues­tra época tra­ta de ser una época plur­al, abier­ta a los sen­ti­dos de perte­nen­cia, y tam­bién de negación del deter­min­is­mo de los orí­genes para enten­der el movimien­to de las per­sonas hacia el futuro que desean. Por esa com­ple­ji­dad de obje­tivos aún se requieren cier­tas defini­ciones, pero defini­ciones arries­gadas que recha­cen la fijeza de ras­gos y la per­ma­nen­cia de lim­ita­ciones. Con este fin, se puede echar mano de la ten­den­cia de la poesía a nom­brar de for­ma explorato­ria, como lo hace Ralph Wal­do Emer­son al dis­cu­tir lo que entiende por “poeta”.

Emer­son fue uno los int­elec­tuales más influyentes de Esta­dos Unidos del siglo XIX. Su ensayo “El poeta” (1844) tuvo gran influ­en­cia en Walt Whit­man (1819–1892) y Wal­lace Stevens (1879–1955). Explicó que los cono­ce­dores de arte tenían un pen­samien­to muy local, como un leño reseco que se fro­ta para obten­er fuego, mien­tras que todo lo demás per­manecía frío[1]. Sos­tu­vo que el estu­dio de las artes con­sti­tuía un conocimien­to lim­i­ta­do de for­mas que se ejer­cían para el entreten­imien­to y el espec­tácu­lo, y que sólo las mentes bril­lantes aún pens­a­ban en los múlti­ples sig­nifi­ca­dos de cada hecho sen­si­ble. Los creadores eran hijos del fuego, hechos de él:

A moody child and wildly wise
Pursued the game with joyful eyes,
Which chose, like meteors, their way,
And rived the dark with private ray:
They overleapt the horizon’s edge,
Searched with Apollo’s privilege;
Through man, and woman, and sea, and star,
Saw the dance of nature forward far;
Through worlds, and races, and terms, and times,
Saw musical order, and pairing rhymes.[2]
Un caprichoso niño salvaje
Persiguió la partida con sus ojos juguetones,
Que eligieron, como meteoros, su camino,
Y desgarraron la oscuridad con un rayo privado:
Ellos saltaron por el borde del horizonte,
Buscaron con el privilegio de Apolo;
A través de hombre, mujer, mar, y estrella,
Vieron la danza de la naturaleza avanzar a lo lejos;
A través de mundos, y carreras, y términos, y tiempos,
Vieron orden musical, y ritmos emparejados.

Para Emer­son era clave atribuir­le al poeta una aper­tu­ra sen­si­ble que con­vertía su per­sona en un órgano de per­cep­ción. En su ensayo “Nat­u­raleza” (1836) escribió que el sol úni­ca­mente ilu­mina­ba el ojo del hom­bre, pero bril­l­a­ba en el ojo y el corazón del niño. Así planteó fig­u­rada­mente que en la niñez nue­stros sen­ti­dos inter­nos y exter­nos están ínti­ma­mente rela­ciona­dos. Quien ama la nat­u­raleza es aquel que retiene su espíritu infan­til aún en la adul­tez: “In pres­ence of nature, a wild delight runs through the man, in spite of real sor­rows” [En pres­en­cia de la nat­u­raleza, un sal­va­je deleite corre a través del hom­bre, a pesar de sus penas reales][3]. Sin embar­go, ese priv­i­le­gio de intim­i­dad con la nat­u­raleza, que es “rayo pri­va­do”, toma sen­ti­do en su explo­ración extra-indi­vid­ual: “A través de hom­bre, mujer, mar, y estrel­la, / Vieron [sus ojos] la dan­za de la nat­u­raleza avan­zar a lo lejos”. En su ensayo reit­era que el poeta no nos avisa de su riqueza, sino de la riqueza común[4].


Car­i­catu­ra de Emer­son por Christo­pher Cranch (1813–1892)

La aper­tu­ra infan­til del niño hacia la nat­u­raleza se tra­duce en una for­ma de estar per­ma­nen­te­mente jóvenes y acom­paña­dos.

Olympian bards who sung
Divine ideas below,
Which always find us young,
And always keep us so.
Bardos olímpicos que cantan
Ideas divinas por debajo,
Que siempre nos encuentran jóvenes,
Y siempre nos mantienen así.

En la visión de Emer­son, la com­pañía del poeta es vital, porque recibe y trans­mite su expe­ri­en­cia de la nat­u­raleza. Un poeta no es una mera caja de músi­ca que met­ri­fi­ca; sino quien hace argu­men­tos, y pen­samien­tos apa­sion­a­dos y vivos: como el espíritu de una plan­ta o un ani­mal que tiene una arqui­tec­tura propia. Para Emer­son, el pen­samien­to tiene un may­or peso que la for­ma: quien es poeta cabal­ga en las pal­abras como en cabal­los de pen­samien­to[5]. Sin embar­go, las pal­abras son una especie de tra­duc­ción de las for­mas nat­u­rales y sen­si­bles. Asimis­mo, el poeta que tiene un nue­vo pen­samien­to tiene, posee una nue­va expe­ri­en­cia que desple­gar. Por lo que la expe­ri­en­cia de cada nue­va era requiere una nue­va con­fe­sión[6].

Aunque quien es poeta se defi­na como un ojo aler­ta, hoy en día la per­ti­nen­cia y la efi­ca­cia de su pal­abra es incier­ta: ¿para qué poet­as en tiem­po de penuria?, inter­ro­ga­ba Mar­tin Hei­deg­ger; escribir poesía después de Auschwitz es bár­baro e impi­de por sí mis­mo ver por qué es imposi­ble, dijo algu­na vez Theodor Adorno[7]. En el siglo XXI, qué, cómo y por qué escribir poesía se sigue dis­cutien­do pre­cisa­mente porque el poeta sigue en pos­esión de la lucidez que Emer­son le atribuye, y no deja de obser­var ni de obser­varse a sí mis­mo. No es, entonces, un ojo sola­mente, sino un ojo que pre­gun­ta. Hoy que es tiem­po de enfer­medad ¿qué pre­gun­tará el/la poeta?


[1] Emer­son, Ralph Wal­do. “The poet.” The anno­tat­ed Emer­son. Edit­ed by David Mikics. Cam­bridge, Mass.: Belk­nap Press of Har­vard Uni­ver­si­ty Press, 2012. pp. 199–222. p. 199.

[2] Ibid. p. 199 (Tra­duc­ción mía).

[3] Emer­son, Ralph Wal­do. “Nature”. The anno­tat­ed Emer­son. Edit­ed by David Mikics. Cam­bridge, Mass.: Belk­nap Press of Har­vard Uni­ver­si­ty Press, 2012. 27–51. p. 31.

[4] Ibid. p. 200.

[5] Ibid. p. 211.

[6] Ibid. p. 204.

[7] Adorno, Theodor. “Cul­tur­al Crit­i­cism and Soci­ety” Prisms. Trad. Samuel and Shier­ry Weber. Lon­don: MIT Press, 1997.

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