Melancolía de un poema: Georg Trakl al español

La melan­colía de un poe­ma no sólo puede pen­sarse como su con­tenido. Un poe­ma tam­bién se hace melancóli­co en su tra­duc­ción. Cier­to aban­dono de sí mis­mo, cier­to ale­jamien­to de sus cos­tum­bres, y la trans­fig­u­ración de los tem­blores de su voz cre­an en él un áni­mo ret­ro­spec­ti­vo. Aunque la defini­ción común de melan­colía remi­ta a la tris­teza, el psi­coanáli­sis resalta su con­no­tación de pér­di­da. Sig­mund Freud, dice que rep­re­sen­ta un ries­go extremo para el suje­to, pues induce a un vaci­amien­to aniquilador, en el que la iden­ti­fi­cación con lo per­di­do con­duce a la pér­di­da de uno mis­mo.[1] El poe­ma tra­duci­do abraza su melan­colía al dejar las vestiduras de su lengua orig­i­nal, que son su otro modo de ser que seguirá mirán­do­lo des­de lejos.

Este fenó­meno se parece a la expe­ri­en­cia del exil­i­a­do, quien debe apren­der a vivir bajo techos pro­vi­sion­ales, ale­ja­do de su ter­ri­to­rio famil­iar, pero cuya fuerza deviene de su capaci­dad para desafi­ar fron­teras. A con­tin­uación pre­sen­to un poe­ma de Georg Trakl (1887–1914) que a la vez que refiere semán­ti­ca­mente a la melan­colía, sirve como instru­men­to poéti­co para pen­sar la tarea de la tra­duc­ción:

Trüb­sinn
Weltunglück geistert durch den Nachmittag.
Baracken fliehn durch Gärtchen braun und wüst.
Lichtschnuppen gaukeln um verbrannten Mist,
Zwei Schläfer schwanken heimwärts, grau und vag.

Auf der verdorrten Wiese läuft ein Kind
Und spielt mit seinen Augen schwarz und glatt.
Das Gold tropft von den Büschen trüb und matt.
Ein alter Mann dreht traurig sich im Wind.

Am Abend wieder über meinem Haupt
Saturn lenkt stumm ein elendes Geschick.
Ein Baum, ein Hund tritt hinter sich zurück
Und schwarz schwankt Gottes Himmel und entlaubt.

Ein Fischlein gleitet schnell hinab den Bach;
Und leise rührt des toten Freundes Hand
Und glättet liebend Stirne und Gewand.
Ein Licht ruft Schatten in den Zimmern wach.
Melan­colía
La espeluznante catástrofe mundial por la tarde.
Las cabañas huyen por el jardincito marrón y baldío.
Chispas de luz revolotean en la basura quemada,
Dos durmientes dan tumbos rumbo al hogar, sombrío y vago.

De la pradera reseca corre un niño
Y juega con sus ojos negros y tersos.
El oro gotea de los lánguidos arbustos mortecinos.
Un hombre viejo gira entristecido en el viento.

En la noche otra vez sobre mi cabeza
Mudo guía Saturno a una miserable fortuna.
Un árbol, un perro retrocede
Y ennegrecido da tumbos el deshojado cielo de Dios.

Un pececito se desliza presuroso río abajo;
Y callademente se mueve la mano del amigo muerto
Y amorosamente alisa frente y traje.
Una luz despierta a sombras en las habitaciones.[2]

Georg Trakl es un poeta aus­tri­a­co, que inspiró al movimien­to Expre­sion­ista alemán. El poe­ma que traduz­co perteneció a su primer libro, Gedichte (1913), pub­li­ca­do un año antes de que com­bat­iera en la Primera Guer­ra mundi­al. El poe­ma mues­tra la ten­den­cia intro­spec­ti­va y oníri­ca de su esti­lo. Un imag­i­nario de deca­den­cia y destruc­ción es la ante­sala de “los dur­mientes” que regre­san a su hog­ar. Como se obser­va cada estro­fa trae imá­genes de situa­ciones inconexas. La figu­ra de los que regre­san, en la primera estro­fa, se diluye y no prosigue, como si se negara su ansi­a­do retorno.

Sin embar­go, la lóg­i­ca ret­ro­spec­ti­va se reit­era en la segun­da estro­fa donde la niñez y la vejez se con­trastan. Un niño jue­ga, pero carece de la lozanía de la infan­cia. La nat­u­raleza tétri­ca con­tex­tu­al­iza la pesad­um­bre del “hom­bre viejo” y com­parte su deca­den­cia con la del niño som­brío. Lo que indi­ca una pre­dom­i­nan­cia de la sub­je­tivi­dad enve­je­ci­da que recuer­da la niñez des­de la senil­i­dad.

La estro­fa sigu­iente lle­va esta atmós­fera de descom­posi­ción hacia la esfera celeste, donde el dios pagano Sat­urno sólo puede ori­en­tar hacia un des­ti­no inde­seable. El últi­mo ver­so de la estro­fa: “Und schwarz schwankt Gottes Him­mel und ent­laubt”: “Y ennegre­ci­do da tum­bos el desho­ja­do cielo de Dios”, con­den­sa la car­ac­terís­ti­ca capaci­dad de Trakl para invo­car la belleza de la impo­ten­cia metafísi­ca, o para artic­u­lar­la bel­la­mente.

La fuerza del poderoso imag­i­nario de Trakl, donde con­ver­gen nat­u­raleza, muerte y ter­nu­ra, aparece en la últi­ma estro­fa. En una lec­tura metafóri­ca del poe­ma en conec­ción con el que­hac­er de la tra­duc­ción, puede decirse que el cuer­po del ami­go difun­to es anál­o­go al obje­to de la melan­colía de un poe­ma en tra­duc­cion, es decir, el poe­ma en su lengua orig­i­nal, y  la  tra­duc­ción es el sutil pece­cil­lo que a penas lo toca. Puede decirse que la tra­duc­ción tiene como par­a­dig­ma ese movimien­to respetu­oso con el que se va río aba­jo en acti­va explo­ración.


[1] Freud, Sig­mund, James Stra­chey, and Anna Freud. Com­plete Psy­cho­log­i­cal Works: Stan­dard Edi­tion: on the His­to­ry of the Psy­cho-Ana­lyt­ic Move­ment, Papers on Metapsy­chol­o­gy, and Oth­er Works (1914–1916). Lon­don: Hog­a­rth Press, 1978. p. 249

[2] Tra­duc­ción mía

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