Claude McKay & The Harlem Renaissance

La obra del poeta y nov­el­ista Claude McK­ay (Jamaica, British West Indies, 1889 – Chica­go, Esta­dos Unidos, 1948) par­tic­i­pa excep­cional­mente de la reivin­di­cación racial, políti­ca y lit­er­aria del movimien­to Harlem Renais­sance. Antes de migrar a Esta­dos Unidos pub­licó Songs of Jamaica (1912) y Con­stab Bal­lads (1912), escritos en el dialec­to de su natal Jamaica. Tuvo como expe­ri­en­cia deci­si­va la memo­ria famil­iar de la esclav­ización de sus pari­entes de su línea mater­na prove­nientes de Mada­gas­car, cuya his­to­ria escuchó innu­mer­ables veces en su niñez. Después de edu­carse en el Agri­cul­tur­al Col­lege en Kansas, se mudó a Nue­va York y fue colab­o­rador de numerosas revis­tas de la van­guardia artís­ti­ca y lit­er­aria de su tiem­po como Sev­en Arts, The Mes­sen­ger, The Cam­bridge Mag­a­zine, entre otras.

Ima­gen: James L. Allen/Schomburg Cen­ter for Research in Black Cul­ture, New York Pub­lic Library.

En su obra no se retra­ta un esen­cial­is­mo negro, sino el des­cubrim­ien­to de un ras­go transna­cional común en la expe­ri­en­cia mar­ca­da por la seg­re­gación racial que iden­ti­ficó a lo largo de su vida en Jamaica, Esta­dos Unidos y Europa. En la edi­ción de julio de 1919 de The Lib­er­a­tor pub­licó el emblemáti­co poe­ma: “If We Must Die” a propósi­to del ataque de blan­cos amer­i­canos a comu­nidades afroamer­i­canas durante el peri­o­do denom­i­na­do Red Sum­mer, que nom­bra actos de ter­ror­is­mo de suprema­cía blan­ca a lo largo de vein­ticin­co ciu­dades en Esta­dos Unidos:

If we must die, let it not be like hogs
Hunted and penned in an inglorious spot,
While round us bark the mad and hungry dogs,
Making their mock at our accursed lot.
If we must die, O let us nobly die,
So that our precious blood may not be shed
In vain; then even the monsters we defy
Shall be constrained to honor us though dead!
O kinsmen! we must meet the common foe!
Though far outnumbered let us show us brave,
And for their thousand blows deal one death-blow!
What though before us lies the open grave?
Like men we’ll face the murderous, cowardly pack,
Pressed to the wall, dying, but fighting back![1]
Si nosotros debemos morir, no dejes que sea como cerdos
Cazados y acorralados en un lugar deshonroso,
Mientras nos rodean los ladridos de los locos perros hambrientos,
Que se burlan de nuestra maldita suerte.
Si nosotros debemos morir, Oh déjanos morir noblemente,
Para que nuestra preciosa sangre no se derrame
En vano; entonces aún los monstruos que desafiamos
¡Se verán obligados a honrarnos aunque estemos muertos!
¡Oh hermano! ¡Debemos encontrar al enemigo común!
Aunque muy superados en número déjanos ser valientes,
¡Y por sus miles de golpes daremos un golpe fatal!
¿Pero qué miente ante nosotros la tumba abierta?
Como hombres enfrentaremos a la jauría cobarde y asesina,
¡Contra la pared, muriendo, pero contratacando! (traducción mía)

El tono des­gar­ra­do y reivin­dica­ti­vo del poe­ma es rep­re­sen­ta­ti­vo de la voz madu­ra de McK­ay.  Este poe­ma se incluyó en Harlem shad­ows (1922), que se con­sid­era la expre­sión inau­gur­al del movimien­to Harlem Renais­sance. En el pról­o­go, Max East­man señala acer­tada­mente que el poe­mario no tiene un méri­to exóti­co, ya que el tema de toda poesía es la expe­ri­en­cia del poeta, y ningún hom­bre de ningu­na otra raza en el mun­do podría tocar o imag­i­nar la expe­ri­en­cia de los hijos de los esclavos africanos en Améri­ca como lo hace McK­ay. Así se puede obser­varse en “Enslaved”:

O when I think of my long-suffering race,
For weary centuries despised, oppressed,
Enslaved and lynched, denied a human place
In the great life line of the Christian West;
And in the Black Land disinherited,
Robbed in the ancient country of its birth,
My heart grows sick with hate, becomes as lead,
For this my race that has no home on earth … [2]
Oh cuando pienso en mi raza que ha sufrido tanto
Despreciada y oprimida por incansables siglos,
Esclavizada y linchada, negándosele un lugar humano
En la gran línea de vida del cristianismo occidental:
Y desheredada en el Territorio Negro,
Robada en su ancestral país de nacimiento,
Mi corazón crece enfermo de odio, se hace guía,
Para esta raza que no tiene hogar en la tierra … (traducción mía)

La poesía de McK­ay explo­ra, por un lado, los grandes temas de la melan­colía de gen­era­ciones pasadas por el ale­jamien­to forza­do de su patria, como su poe­ma “Africa” y, por otro lado, abor­da los lazos afec­tivos del afro-descen­di­ente actu­al con su pasa­do des­de la cotid­i­an­idad. En el poe­ma “The trop­ics in New York”, las bananas, peras, man­gos, etc. provo­can una pro­fun­da nos­tal­gia por geografías dis­tantes como si se tratara del des­per­tar de una memo­ria cor­po­ral: “My eyes grew dim, and I could no more gaze; / A wave of long­ing through my body swept, / And, hun­gry for the old famil­iar ways, / I turned aside and bowed my head and wept”[3] [Mis ojos se hicieron tenues, y no pude mirar más; / Una ola de anh­elo atrav­esó mi cuer­po, / Y, con ham­bre de los viejos caminos famil­iares, / Me di la vuelta e incliné mi cabeza y lloré][4]. Sin duda, Claude McK­ay ofrece una poesía apa­sion­a­da que ha des­cu­bier­to los acordes más ínti­mos del yo poéti­co que amplía su rig­or históri­co en la expe­ri­en­cia racial. Hoy sus ver­sos tra­scien­den el tiem­po con sabor agridulce; ya que, para la población afroamer­i­cana, la pro­tec­ción ple­na de los dere­chos civiles sigue sien­do una deman­da pen­di­ente.


[1] McK­ay, Claude. Harlem Shad­ows. New York: Har­court, Brace, and Com­pa­ny, 1922. p. 53.

[2] Ibid. p. 32.

[3] Ibid. p. 8.

[4] Tra­duc­ción mía.

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